
Vivir con linfoma de Hodgkin no es solamente seguir un tratamiento o acudir al hospital cada cierto tiempo.
Es algo que termina cambiando por completo tu manera de ver la vida.
Hay días buenos. Días en los que logras trabajar, distraerte un poco, hacer planes o simplemente sentirte “normal”. Por momentos incluso olvidas todo lo que está pasando dentro de tu cuerpo.
Pero también hay días difíciles.
Días en los que levantarte de la cama cuesta demasiado.
Días donde el cansancio no se quita aunque descanses.
Donde la mente no deja de pensar y el miedo aparece de golpe, casi sin avisar.
Porque el cáncer no afecta solo la salud.
También golpea la estabilidad emocional, el trabajo, la economía y hasta la manera en que te relacionas con los demás. Hay momentos en los que uno intenta mantenerse fuerte frente a todos, aunque por dentro se esté cayendo a pedazos.
Con el tiempo aprendes que las quimioterapias no terminan cuando sales del hospital. El tratamiento sigue en casa, en silencio, mientras intentas continuar con tu vida como puedes.
Cada sesión deja algo.
A veces agotamiento físico.
A veces ansiedad.
A veces noches enteras pensando en estudios, resultados o en lo incierto que puede sentirse el futuro.
Y aun así… uno sigue adelante.
Porque poco a poco descubres que el ser humano tiene una capacidad enorme para resistir, incluso cuando siente miedo.
Empiezas a valorar cosas que antes parecían pequeñas: despertar sintiéndote bien, poder comer tranquilo, caminar sin agotarte, escuchar una canción que te gusta o recibir un mensaje sincero preguntando cómo estás.
También descubres quién realmente permanece cerca cuando las cosas se complican. Y eso cambia mucho la forma en que ves a las personas.
Hay momentos duros, claro.
Ver cómo cambia tu cuerpo.
Perder el cabello.
Mirarte al espejo y sentirte distinto.
Tener que pedir ayuda cuando siempre estabas acostumbrado a resolver todo por tu cuenta.
Pero también hay momentos profundamente humanos que se quedan contigo.
La enfermera que te habla con calma cuando estás nervioso.
La persona que comparte tu trabajo para ayudarte.
Quien dona aunque apenas tenga para sí mismo.
La familia que intenta mantenerse fuerte contigo, incluso cuando también tiene miedo.
Con el tiempo entiendes algo importante: vivir con linfoma de Hodgkin no significa vivir derrotado.
Significa aprender a resistir.
A seguir creando.
A seguir soñando.
A seguir adelante incluso en los días más pesados.
También existe otra parte de la enfermedad de la que casi nadie habla: la discriminación.
Porque muchas veces el problema no es solamente el cáncer, sino la manera en que algunas personas comienzan a verte cuando saben que estás enfermo.
En el trabajo aparecen las dudas sobre si todavía “sirves” o si podrás rendir igual. En algunos servicios te tratan con impaciencia o indiferencia, como si tu situación fuera una molestia.
Y a veces lo más doloroso viene incluso de personas cercanas o de la propia familia, que se alejan, minimizan lo que estás viviendo o simplemente no entienden el desgaste físico y emocional que implica atravesar algo así. Hay quien piensa que porque te ves bien “ya estás bien”, sin imaginar todo lo que ocurre por dentro.
Muchos creen que la batalla más dura es la física. Pero a veces la pelea más complicada ocurre en silencio, dentro de tu cabeza, cuando intentas no derrumbarte frente a los demás.
Por eso una persona con cáncer necesita mucho más que medicamentos.
Necesita apoyo.
Comprensión.
Paciencia.
Y sobre todo sentir que no está sola.
El linfoma cambia muchas cosas.
Te obliga a detenerte y mirar la vida desde otro lugar.
Y quizá por eso mismo aprendes a abrazarla con más fuerza que antes.


Prezado Humberto, aqui vos fala um também sobrevivente ao Linfoma de Hodgins, só que no meu caso foi o Linfoma Não Hodgins das Grandes Células B.
Meu tratamento se deu em 2015 e tive que extirpar o Baço. Também passei por quimioterapias depois de 98 dias internado em um hospital, o Hospital das Clinicas da Universidade Federal de Minas Gerais, do Brasil.
Eu nunca havia lido nada sobre quem já passou por esse mal, e até escrevi um livreto contando minha saga. Também trabalho com arte. Tenho 78 anos e durante 26 anos fui fotógrafo profissionamente, depois fui trabalhar com Artes Gráfica, hoje sou aposentado e aprendendo IA.
Se você quiser, posso lhe mandar uma cópia em PDF deste meu livreto.
João Batista Dias ou simplesmente JB