Durante décadas el bidé fue parte habitual de muchos hogares elegantes en México y América Latina. Sin embargo, con el paso del tiempo desapareció silenciosamente de la arquitectura moderna mexicana al grado de que hoy muchos arquitectos, diseñadores de interiores e incluso profesionales de la construcción desconocen su historia, función original e importancia dentro de la higiene cotidiana. En este artículo recorremos el origen del bidé, su llegada a México y la curiosa manera en que pasó de símbolo de modernidad y lujo a convertirse en un objeto casi olvidado.

Durante buena parte del siglo XX, entrar a ciertos baños antiguos en México significaba encontrarse con un objeto que hoy resulta extraño para muchas personas: una pequeña pieza de porcelana colocada junto al inodoro, con llaves de agua y apariencia elegante. Algunos niños pensaban que era un lavabo raro; otros jamás entendían para qué servía.
Era el bidé.

Aunque hoy casi ha desaparecido de los hogares mexicanos, durante décadas fue considerado un símbolo de refinamiento, higiene y modernidad. Su historia comienza mucho antes, en la aristocracia europea, y está profundamente ligada a la higiene íntima femenina.
El nacimiento del bidé en Francia
El bidé apareció en France entre los siglos XVII y XVIII. Su nombre proviene del francés bidet, palabra utilizada para designar un pequeño caballo o poni. El nombre tenía relación con la postura necesaria para usarlo: sentado a horcajadas, como si se montara un caballo.
Los primeros modelos eran muy distintos a los actuales. No estaban en el baño, sino en las habitaciones privadas de las casas aristocráticas. Eran muebles de madera que ocultaban una pequeña tina de porcelana o metal donde se colocaba agua manualmente.
En una época donde bañarse diariamente no era costumbre común, el bidé ofrecía una solución práctica para la higiene personal.



La relación del bidé con la higiene femenina
Aunque con el tiempo el bidé tuvo distintos usos, originalmente estuvo muy relacionado con la higiene íntima femenina. En la Europa de aquellos siglos existían fuertes restricciones sociales alrededor del cuerpo, la sexualidad y la salud femenina, por lo que el bidé se convirtió en un objeto discreto destinado al cuidado íntimo cotidiano.
Era utilizado por mujeres para:
- limpieza durante el periodo menstrual,
- higiene después de relaciones sexuales,
- cuidados posteriores al parto,
- y aseo diario sin necesidad de tomar un baño completo.
Algunas fuentes históricas señalan que incluso se asociaba con prácticas anticonceptivas rudimentarias y con la higiene previa y posterior a la actividad sexual.
Durante casi 150 años el bidé permaneció en las habitaciones privadas antes de trasladarse definitivamente al cuarto de baño moderno.


La expansión del bidé en Europa
Con la llegada de la plomería y las instalaciones hidráulicas modernas en el siglo XIX, el bidé evolucionó rápidamente. Pasó de ser un mueble portátil a convertirse en un sanitario fijo de porcelana conectado al agua corriente.
Se volvió habitual en países como:
- Francia
- Italia
- España
- Portugal
En muchos lugares europeos llegó a verse como una parte esencial del baño y de la cultura de higiene personal.

Argentina y la transformación del bidé
En América Latina, el país donde el bidé alcanzó una presencia verdaderamente masiva fue Argentina.
Ahí ocurrió algo muy particular: el bidé dejó de relacionarse únicamente con la higiene femenina o el lujo aristocrático y comenzó a utilizarse principalmente después de usar el inodoro.
Con el paso de las décadas se convirtió en parte de la rutina diaria de millones de personas. Para muchas familias argentinas, el bidé era tan indispensable como el lavabo o la regadera.
Incluso hoy, gran parte de los baños argentinos continúan incluyéndolo, algo que sorprende a visitantes extranjeros acostumbrados únicamente al papel higiénico.
El bidé llega a México
En Mexico el bidé comenzó a aparecer durante el siglo XIX entre las clases altas y sectores influenciados por la moda europea.
La llegada de Maximiliano y Carlota y el Segundo Imperio Mexicano impulsó la adopción de costumbres francesas y austríacas en la arquitectura, el mobiliario y la vida doméstica.
Durante el Porfiriato esta influencia europea se intensificó todavía más. Las casas elegantes comenzaron a incorporar:
- bañeras de hierro,
- sanitarios importados,
- lavabos de porcelana,
- y, por supuesto, bidés.
En muchas residencias antiguas de la Ciudad de Mexico todavía sobreviven baños donde puede verse el espacio que ocupaban estos aparatos.


El bidé como símbolo de lujo
A diferencia de Argentina o algunos países europeos, en México el bidé nunca se volvió realmente popular entre todas las clases sociales.
Aquí permaneció asociado principalmente con:
- hoteles elegantes,
- residencias antiguas,
- casas de familias acomodadas,
- o construcciones inspiradas en estilos europeos.
Además, muchos mexicanos simplemente desconocían su función exacta. Para algunos era un objeto extraño y hasta incómodo dentro del baño.
Con el crecimiento urbano de mediados del siglo XX comenzaron a construirse departamentos más pequeños y funcionales. El espacio destinado al baño se redujo considerablemente, y el bidé empezó a verse como un lujo innecesario.
La desaparición del bidé en los años setenta
Durante la década de 1970 el bidé prácticamente desapareció de gran parte de las viviendas nuevas en México.
Varias razones influyeron en ello:
- baños más reducidos,
- menor interés por costumbres europeas antiguas,
- cambios en la arquitectura moderna,
- y la percepción de que era un accesorio costoso y anticuado.
En muchísimas remodelaciones simplemente fue retirado para ganar espacio.
Con el tiempo, generaciones enteras crecieron sin convivir con uno. El bidé pasó de ser símbolo de modernidad a convertirse en una curiosidad de casas antiguas.
El regreso silencioso del concepto
Curiosamente, la idea del bidé nunca desapareció por completo.
Hoy los sanitarios inteligentes japoneses, los rociadores higiénicos y las tapas electrónicas han retomado el mismo principio que motivó su creación hace siglos: mejorar la higiene personal mediante el uso de agua.
En Japan esta tecnología evolucionó hasta convertir el bidé en un sistema sofisticado con:
- agua caliente,
- secado automático,
- control de temperatura,
- sensores,
- y funciones electrónicas avanzadas.
Lo interesante es que detrás de toda esa tecnología moderna sigue existiendo la misma idea nacida en los dormitorios aristocráticos de la Francia del siglo XVII: el cuidado íntimo y la búsqueda de una higiene más cómoda y eficiente.


